El secreto de todo buen profesional

Cuidar las apariencias no vale para nada si al final no cumples con los hechos. Ya lo decía el refrán: la mujer del César no sólo debe serlo sino parecerlo. En un mundo visual, nos guste o no, parte de la confianza que depositamos en las empresas o los profesionales depende mucho de que su imagen esté alineada con el compromiso que adquieren contigo. De hecho, aquel que da una buena imagen pero es un desastre, se conoce mundialmente con el apelativo de fantasma, por decirlo suave. El secreto de todo buen profesional es que hay que esforzarse en parecerlo para después serlo, y viceversa.

El comportamiento es un espejo en el que cada uno muestra su imagen.

Goethe (1749-1832) Poeta y dramaturgo alemán.
¿Qué opinarías de un médico que quiere venderte un tratamiento contra la caída del cabello pero es totalmente calvo?¿acaso es un vocacional de la alopecia?. ¿Aceptarías los consejos de inversión de un gestor bancario, o incluso del mismísimo Director, que curra más horas que un reloj para cubrir objetivos sabiendo todo lo que sabe acerca productos financieros?¿será que es un vocacional del trabajo y pasa de vivir de las rentas?. Casos como estos hay infinitos. Es lo que sucede con la empresa objeto del titular. ¿Contratarías los servicios de un observatorio de toma de datos que pierde sus propios datos?. Está claro que este mundo fake, regido por las apariencias, se va a la mierda (que han puesto columpios). 

El vulgo se deja cautivar siempre por la apariencia y el éxito.

Estamos rodeados de empresas fantasma dirigidas por ricos que tributan impuestos en otra dimensión llamada paraíso fiscal. A los pobres nos pillan haciendo un “simpa”, y encima nos sentimos mal. De todas maneras tampoco te preocupes si no eres especialmente honesto o si mientes como un bellaco, nadie te hace ni puto caso.

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