Libertad de impresión

Mario Vaquerizo da clase a unos niños en Telemadrid y les dice: “¡El feminismo me da igual!“

El sudor de Pablo Iglesias, la izquierda “decide por vosotros” y “el feminismo me da igual”. Estos son los mensajes que un grupo de niños ha recibido e

Fuente:  https://www.publico.es/tremending/2019/10/03/mario-vaquerizo-da-clase-a-unos-ninos-en-telemadrid-y-les-dice-el-feminismo-me-da-igual/

La estupidez humana es genial para que los espabilados predicadores del siglo XXI saquen partido de la misma.

El principio de la educación es predicar con el ejemplo.

La proliferación de colectivos especializados en ofenderse por cualquier asunto, está poniendo en jaque a la libertad de expresión. Hoy en día ya no se puede hablar de lo que uno sienta. El progreso ha resucitado al inquisidor Torquemada de entre los muermos, y vuelve a habitar en cada uno de nosotros.

La causa de la libertad se convierte en una burla si el precio a pagar es la destrucción de quienes deberían disfrutar la libertad.


Se acabó la fiesta del pensamiento crítico. Ahora mola practicar el pensamiento único que tanto “por culo” le dio a los clásicos griegos, y valga la redundancia.

A menos pensamiento, pensamiento más tiránico y absorbente.

En toda esta vorágine de ideas progresistas que suenan tan bien, de vez en cuando surgen seres que pretenden ser críticos e ir a contracorriente, a riesgo de ser vilipendiados por la opinión púbica imperante. Por lo menos es lo que aparenta suceder con la noticia del demonizado Vaquerizo.

¿Significa progreso el que el antropófago coma con cuchillo y tenedor?

Pero ojo, no es oro todo lo que reluce. Captar la atención, a cualquier precio, acapara una oscura visibilidad de tu marca personal, muy útil para continuar generando pingües estipendios en el corto plazo, peligrosa en el largo plazo.

La capacidad de atención del hombre es limitada y debe ser constantemente espoleada por la provocación.

Si bien es admirable ir contra el pensamiento único, bajo argumentos coherentes y de peso, es deleznable decir gilipolleces para que tu nicho de acólitos refuerce su ego, llenándote el bolsillo de dinero por la compra de tu discurso de mierda.

Preparar un discurso de diez minutos me cuesta un par de semanas; un discurso de una hora, una semana, y un discurso de dos horas siempre puedo improvisarlo.

La libertad de expresión ha muerto, viva la libertad de impresión. Viva la era de a ver quién la suelta más gorda para para impresionar a la adormecida audiencia que busca emociones fuertes sentada en su sillón.

Cuando se viaja en avión solamente existen dos clases de emociones: el aburrimiento y el terror.

En esta época digital, donde la transgresión que remueve la conciencia ha quedado pervertida bajo la tiranía de los likes, la única libertad que debería ser coartada es la libertad de impresión.

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